El hombre y la silla

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No entendía como en los últimos días  del invierno,  un hombre solo  y en silla de ruedas se aferraba a pedir monedas. El hombre no tenía piernas  y solo posee su cuerpo de la cintura hacia arriba.

Eran las siete y 40 minutos de  la mañana cuando en medio de las luces del tránsito solicitaba monedas para sustento o no. Pero estaba ahí en la calle muy transitada, luchando por su vida.  Algunos  sintieron compasión y le dieron algunas monedas, pero otros  no lo hicieron.  Su silla de ruedas no  era eléctrica, sino manual.  Hacía un gran esfuerzo para moverse en ella. Me alejé mientras conducía y  reflexioné  que la  vida es  la lucha diaria  que nos pone a prueba sin importar la condición física en la que nos encontremos. La realidad es que muchos somos  privilegiados al poder  caminar solo.

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