El Presidente de EE.UU puede ser elegido sólo con 270 votos electorales

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Una de las peculiaridades del sistema electoral estadounidense es extraordinariamente curiosa y llama la atención que su presi- dente no es elegido por el voto universal sino por el voto de los delegados políticos de los partidos que en general suman 538 en toda la nación, distribuidos de la siguiente manera: Alabama (9), Arizona (9), Arkansas (6), California (55), Colorado (9), Connecticut (7), Delaware (3), Washington, DC. (3), Florida (27), Georgia (15), Hawái (4), Idaho (4), Illinois (21), Indiana (11), Iowa (7), Kansas (6), Kentucky (8), Luisiana (9), Maine (4), Maryland (10), Massachusetts (12), Michigan (17), Min- nesota (10), Mississippi (6), Missouri (11), Montana (3), Ne- braska (5) New Hampshire (4), New Jersey (4) Nuevo México (5), New York (31), Carolina del Norte (15), Dakota del Norte (3), Ohio (20), Oklahoma (7), Oregon (7), Pennsylvania (21), Rhode Island (4), Carolina del Sur (8), Dakota del Sur (3), Tennessee (11), Texas (34), Utah (5), Vermont (3), Virginia (13), Washington (11), Virginia Occidental (5), Wisconsin (10) y Wyoming (3).

En EE.UU no gana un partido las elecciones, en realidad a quienes eligen los votantes es a los delegados y éstos a su vez a los candidatos a la presidencia y vicepresidencia que deberán obtener al menos 270 votos de los 538 delegados que posee el sistema electoral. Estos delegados guardan relación con la can- tidad de senadores y representantes que tenga cada estado en el Congreso. Es un delegado por cada representante o senador. Lo que hace que este sistema no se desprenda de la voluntad popular por completo. De este modo, 48 de los 50 estados han aprobado una ley que otorga todos sus delegados a los candida- tos que obtengan la mayoría del voto universal. Es decir, si en un estado hay 20 delegados y gana el partido “X” en el voto uni- versal, ese partido obtendría 20 votos o delegados en ese estado.

Sin embargo, existe una gran disparidad en el número de delegados entre los estados que se puede observar en la lista expuesta más arriba. Ello signi ca que los estados con mayor representación en ambas cámaras, tendrán mayor cantidad de delegados y poder de decisión electoral. Eso quiere decir que los estados con mayor cantidad de habitantes tienen mayor cantidad de votos electorales.

Atendiendo a que en EE.UU se puede decir que predomina un sistema bipartidista, estas organizaciones deben enviar el listado de sus respectivos delegados al organismo electoral y el martes siguiente al primer lunes de noviembre cada cuatro años los ciudadanos registrados acudirán a las urnas. El partido que obtiene la mayor cantidad de votos en un determinado estado, obtendrá la totalidad de los delegados de esa demar- cación. Es el “todo o nada”. Excepto en los estados de Mine y Nebraska que en su aplicación utilizan una variante en esa regla. En realidad son 20 los estados que determinan quien será el próximo presidente.

El lunes siguiente al segundo miércoles de diciembre, los dele- gados de cada estado acuden a una votación de donde saldrán elegidos el presidente y vicepresidente. Los resultados de esa elección se envían herméticamente sellados al presidente del senado, quien el 6 de enero siguiente al martes electoral lee el resultado ante las dos cámaras del Congreso y se proclaman los candidatos ganadores. Esto tiene más bien un sentido sim- bólico, pues desde que se cuentan los votos electorales se sabe quien ganó las elecciones.

 

La batalla por la Casa Blanca se reduce a un máximo de veinte estados

Obviamente en EE.UU no gana el candidato que saque más votos del electorado universal necesariamente, sino el que ob- tenga al menos 270 votos de los 538 delegados del colegio elec- toral. Por lo expresado aquí, en este país la elección del presi- dente es indirecta, porque los ciudadanos eligen los delegados que los representan, los que a su vez elegirán al presidente y vicepresidente.

De esta forma se deriva que de los cincuenta estados, 20 de ellos son determinantes en la decisión electoral de cada campa- ña presidencial. Por ello los candidatos hacen mayor esfuerzo en convencer al electorado de los grandes estados como Cali- fornia, Texas, Nueva York, Pennsylvania, Illinois, Ohio, Flori- da, entre otros.

Este sistema de elección, convierte a EE.UU en un país muy peculiar, ya que un candidato puede ganar las elecciones sin ser el más votado. Existen cuatro antecedentes en los que un candidato no consiguió la mayoría del voto universal y fue de- clarado ganador de esas elecciones.

El primer caso fue en 1824. Se consideran las primeras eleccio- nes donde se le dio poder a los delegados políticos para que eli- gieran al presidente federal, lo cual signi có un cambio radical en la forma directa de los ciudadanos elegir su presidente. John Quincy Adams fue declarado ganador de esas elecciones, muy a pesar de que no ganó la mayoría del voto universal, pero fue favorecido por los delegados de los estados mayoritarios.

(Anterior a estas elecciones los gobiernos habían surgido de un sistema unipartidista que prevalecía en EE.UU. Para esa época había desaparecido el Partido Federal y sólo quedó el partido “Demócrata-Republicano” con 4 candidatos por separados. La facción de este partido controlado por Andrew Jackson evo- lucionó en lo que hoy es el Partido Demócrata, en tanto la facción liderada por John Quincy Adams y Henry Clay se con- virtió en el Partido Nacional Republicano)

El segundo caso de esta naturaleza se dio en 1876. En esa oca- sión Samuel J. Tilden, de Nueva York venció al candidato re- publicano Rutherford B. Hayes, de Ohio en el voto universal, sin embargo Hayes fue nalmente declarado presidente, por haber contado con mayor votación de los delegados el 4 de marzo de 1877.

La tercera vez que un presidente gana el voto universal y no es elegido presidente fue en 1888. En estas elecciones se midie- ron los candidatos Benjamín Harrison, por el partido republi- cano y Cleveland por el Partido Demócrata, quien obtuvo la mayoría de los votos populares, pero perdió las elecciones de Harrison, quien obtuvo un voto electoral más grande y se alzó con las elecciones.

El último episodio similar a estos eventos sucedió en el 2000, cuando el republicano George Bush, quien era el gobernador de Texas, se enfrentó al demócrata Albert Arnold Gore, Jr. Cono- cido como Al Gore, quien para ese tiempo era el vicepresidente de Bill Clinton. Al Gore había ganado el voto popular por un margen de 453, 816 votos. Se desató una enorme controversia cuando Bush fue declarado ganador de esos comicios con 271 de los votos electorales contra los 266 (con una abstención de un voto transfugado en el reconteo o cial) Durante la contro- versia se buscaba el esclarecimiento de quien había ganado los 25 votos electorales de Florida y por ende la presidencia. Final- mente Bush fue proclamado presidente.

Como podemos ver, en los 4 eventos en que un candidato gana con la mayoría del voto universal y pierde la presidencia por no obtener al menos 270 de los 538 votos electorales, curiosamen- te ha ganado un conservador y no han sido pocas las voces que se han levantado para cuestionar este sistema, que para algunos resulta poco democrático porque de cierta forma desconoce la voluntad de la mayoría del pueblo imponiéndose los intereses de un reducido grupo.

Sin embargo, han sido muchas las iniciativas procuradas en el Congreso para enmendar esa ley impuesta desde 1824 y todas han fracasado, lo cual se suma a la lista de los grandes misterios que se observan en la composición socioeconómica y política de EE.UU.

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