imperio ruso, re ejo de un engaño con olor a comunismo

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Los rusos quisieron extender su imperio a través del mundo. Haciendo uso de los enormes recursos económicos que tenían a sus disposición. En su mayor esplendor, fueron la inminen- cia de una amenaza contra los Estados Unidos. Su esplendor surgió en tiempos recientes, apenas a mediados de la década del cuarenta, cuando se liberaron del fantasma de Hitler y la segunda guerra mundial.

Esta historia es ampliamente conocida. Los soviéticos se ven- dieron como comunistas, ya por aquella época, Enver Hoxha, presidente del partido comunista de Albania, escribió un li- bro titulado “Eurocomunismo es anticomunismo”. En ese li- bro Hoxha hace una crítica severa y cuestionó la lealtad a los principios comunistas de la Revolución Soviética y su régimen. La historia le vino a dar la razón. Aquél hombre que supo en- frentar y denunciar la falacia que constituía el gran imperio soviético. Los rusos hicieron justamente lo contrario a lo que predicaban en sus discursos salpicados de socialismo y de un marxismo-leninismo trasnochado.

Mientras frontera adentro, la miseria arropaba a la confedera- ción de países bajo sus garras. En su loca y descontrolada carrera armamentista, quisieron expandirse más allá de los continentes europeo y asiático e intentaron in ltrarse en los sistemas impe- rantes en latinoamérica, para lo cual debieron enfrentar serios inconvenientes con los norteamericanos, un ejemplo vivo de estos eventos lo constituyó Cuba y los cohetes soviéticos que amenazaron al mundo con desencadenar otro con icto arma- do a escala mundial y nuclear.

Mientras los comunistas hacían esfuerzos por vender el im- perio soviético como la salvación de la humanidad; en Rusia, frontera adentro, el hambre, la miseria y el abandono llevaba a muchos soviéticos a vivir en situaciones calamitosas, en aldeas desprovistas hasta de letrinas y sus moradores debieron hacer sus necesidades en la intemperie, en el mismo monte.

Con el desplome de la Unión Soviética, también cayó la venda que los ciudadanos tenían en sus ojos. Ahora supieron lo que es la verdadera libertad, conocieron la dignidad y supieron que, más allá de la frontera hay lugares que les permitirán sobrevivir a una miseria que les prometía arrancarles, después del decoro, hasta el mismo aliento.

El éxodo ha sido masivo. Los soviéticos se han diseminado por todo el mundo, andan en desbandadas, cuales aves migratorias, volando siempre donde hay pan. Existe un real temor de que Rusia enfrente una crisis de población en la que este país po- dría perder 50 millones de habitantes en los próximos 50 años, es decir alrededor de un millón de ciudadanos por año.

Según estudios recientes, en Rusia los índices de nacimientos y la expectativa de vida para los hombres han sufrido bajas signi cativas. Estos efectos son más notorios en las zonas ru- rales, donde la poblaciones se están muriendo o mudándose a ciudades o países.

Aquellas aldeas tradicionales, enclavadas en las zonas rura- les, están veri cando cambios tan considerables, que muchas de ellas han sido completamente abandonadas. Es el caso de Kostroma, ubicada a sólo 5 horas por tierra de Moscú, la ca- pital, donde el éxodo se ha convertido en una verdadera ca- lamidad. Durante muchos siglos, estas aldeas formaron parte de lo que es la cultura soviética, cuyas cabañas son pintorescas y forman parte de las grandes tradiciones rusas, pero hoy se están quedando vacías.

De acuerdo al último censo, de 155.000 aldeas existentes, 13,000 han sido abandonadas y en otras 35,000 la población se ha reducido a más de diez habitantes. Siguiendo los señala- mientos del último censo, podemos ver una dramática dismi- nución de la población soviética, una década después de 1992 la población bajó de 149 millones a 144 millones y las cifras siguen disminuyendo, según las proyecciones de este censo, en los últimos 20 años la Unión Soviética perderá 20 millones de habitantes. Visto así, esto signi caría que la población bajaría a unos 100 millones de habitantes en el año 2050.

Las mismas cifras indican que a nales de la década de los 80 el índice de nacimientos empezó a bajar y el de mortalidad a su- bir, todo esto impulsado por el desplome de la antigua URSS. Las mujeres empezaron a tener menos hijos y los hombres em- pezaron a morir de forma dramática.

El alcoholismo, la mala nutrición, la tuberculosis y una crisis insólita en el sistema de salud, están llevando a la población Rusa a morir más joven, llegando a ser las expectativas de vida para hombres de 59 años de edad.

Es la conclusión del engaño más grande jamás visto en la hu- manidad, el comunismo utópico y engañador, un verdadero monstruo que ha causado la muerte y el sufrimiento de cientos de millones de seres humanos, un maldito sistema que des- prende al hombre del inalienable decoro de la libertad y el libre desarrollo en un mercado sin ataduras, en donde los ciudadanos crecen hasta donde pueden o les parezca, como es el caso de la democracia practicada en el mundo libre de Occidente.

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