“Los Zacatecas del Diablo” enterraron el plasma de Quinton en el in erno

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Este artículo se re ere al crimen perpetrado por la industria farmacéutica mundial en el momento en que manipuló para que “El Plasma de Quinton” fuera desaprobado por la Unión Europea, EE.UU y todo el mundo, en complicidad con la Or- ganización Mundial de la Salud (OMS), los médicos y las ins- tituciones dedicadas al cuidado de la salud.

¿Qué es el Plasma de Quinton?

Es simplemente agua de mar puri cada. René Quinton, un – lósofo francés, apasionado defensor de la aplicación terapéutica del agua del mar. Quinton pudo curar muchas enfermedades, incluso mortales, como el cólera, tuberculosis, desnutrición, entre otras.

La historia cuenta que Quinton no inventó el remedio, sino que simplemente lo aplicó y lo presentó al público llegando a sanar mucha gente.

 

¿Cómo llega el milagro a toda la humanidad?

El Plasma de Quinton, no fue un invento suyo, sino que sim- plemente el lósofo se vio afectado por una tuberculosis y buscó ayuda ante un jesuita amigo suyo y este sabio lo re rió a un libro de Platón en el año 1897, donde el gran Platón narra cómo fue curado de una tuberculosis que lo afectó.

Platón narra en dicho texto el episodio de sanación de su pro- pia tuberculosis de manos de unos sacerdotes egipcios a través de un tratamiento que consistía en ponerlo en contacto con el mar y beber de sus aguas previamente desalinadas.

Los egipcios demostraron que las aguas del mar tienen un po- der altamente curativo para los seres vivos, para ello se basaron en la teoría de que la vida empezó en el mar y por ende, las propiedades de sus aguas son las mismas que componen los organismos de los seres vivos.

La historia cuenta que el lósofo francés René Quinton, se re- cuperó satisfactoriamente de sus dolencias pulmonar.

Partiendo de su propia experiencia, Quinton tenía la rme de- terminación de ayudar en la cura de los enfermos de tubercu- losis y múltiples enfermedades más. Su decisión lo llevó a una despiadada confrontación con la comunidad cientí ca que se dedicó a fondo a desacreditar y cuestionar el método de cura- ción implementado por el lósofo francés.

René Quinton había quedado profundamente marcado por su propia cura de tuberculosis y se prometió a sí mismo lle- var los laboratorios marinos a todo el mundo, no obstante el frontal cuestionamiento que estaba recibiendo del sector salud tradicional.

La defensa sobre este procedimiento de curación, Quinton la fundamentó sobre la base de que “las especies no se adaptan al medio externo por efecto de la casualidad, sino que de forma voluntaria y consciente tienden a mantener su forma de origen, su medio celular interno original, que en todas las plantas y animales es igual al medio marino, todas las especies que ha- bitan la tierra, provienen del mar y sus líquidos corporales son agua de mar”.

Por su propia experiencia, Quinton sabía que el plasma marino in uye en todas las formas de vida en el planeta, pues son partes íntegras de él, desde la savia de las plantas hasta los diferentes sistemas sanguíneos de todos los animales que habitan la tierra.

Quinton avanzó con sus creencias y nalmente llegó a demostrar que “el agua de mar cura”

En un inteligente intento para desmontar la contracampaña del sector salud, en 1904 Quinton escribió un libro titulado “El Agua del Mar”. Este libro se basó en su propia experien- cia y experimentos en su propio cuerpo y sus estudios sobre agua del mar, exitosos experimentos que había realizado con perros enfermos, a los que había extraído uidos sanguíneos y les inyectó agua de mar mezclada con agua desalinizada e isotónicamente concentrada a razón de 9 gramos de sales por líquido. Esto equivale a la concentración en sales marinas que contiene el plasma sanguíneo de los mamíferos, en pocas horas los perros mejoraron y curaron por completo. Los testimonios plasmados en su libro ayudaron a correr la noticia por todas partes y la gente empezó visitar al cientí co con nes de buscar curación de sus dolencias.

 

Quinton abre el primer “Dispensario Marino”

La demanda fue tan grande que Quinto se vio obligado a ins- talar el primer hospital para seres humanos en 1907. Decidió llamarlo “Dispensario Marino” tal vez en su intento para evadir un auge del brutal enfrentamiento del sistema de salud tradi- cional, que nunca le perdonaría ese invento accesible casi sin costo para curar a los enfermos. Ese era el gran problema, los consultorios de Quinton vendrían a interferir con los mezqui- nos intereses de la pujante industria farmacéutica y eso no se lo iban a perdonar.

El éxito de la apertura del primer consultorio marino de Quin- ton fue tan grande que se vio obligado a seguir abriendo en dife- rentes lugares, grandes multitudes de enfermos se congregaban en sus alrededores y venían de diferentes partes niños, mujeres, ancianos y hombres aquejados de diferentes enfermedades y dolencias mortales. Eran sometidos al sencillo procedimiento de Quinton y en cuestión de horas curaban y regresaban a sus hogares totalmente sanos.

Se les inyectaba agua de mar con la misma cantidad de sales que contiene el plasma humano. Una vez aplicado el tratamiento la mejoría era instantánea y las personas curaban totalmente.

La noticia corrió por el mundo entero y de todos los países lle- gaban personas mortalmente enfermas y curaban en cuestión de horas. La demanda fue en auge y en esa misma proporción Quinton siguió abriendo dispensarios marinos por donde quie- ra, incluso, más allá de las fronteras de Francia, expandiéndose hasta Egipto, Bélgica, Inglaterra, Estados Unidos y muchísi- mos países más alrededor del planeta. Obviamente “El Plasma de Quinton”, como se conoció el procedimiento de curación con agua del mar, había sustituido el uso de medicamentos nocivos inventados por la industria farmacéutica e incluso los enfermos preferían atenderse con este antes de acudir a un facultativo de la medicina en los hospitales y clínicas del sistema de salud tradicional.

 

El imperio de los “Dispensarios Marinos” reinó de forma abso- luta durante dos décadas y la intención de René Quinton era llevarlos a todos los países del mundo para curar casi gratis a los enfermos de múltiples enfermedades. Sus planes de expansión marcharon excelentemente bien, hasta los gobiernos de los paí- ses empezaban a solicitar sus instalaciones, es decir, estaban en su máximo esplendor hasta que llegó la hora de la muerte de Quinton en 1925.

¿Por qué los diferentes gobiernos del mundo no asumieron las terapias de Quinton como suyas más allá de su muerte? ¿Cuáles manos criminales actuaron en contubernio para desaparecer estos dispensarios marinos? ¿Por qué desaparecieron si su efectividad está cientí camente comprobada?

Hay más preguntas que respuestas. La triste verdad es que nadie hizo nada para que estos dispensarios siguieran, no tan sólo su expansión, sino la permanencia imperecedera de los existentes.

El resentimiento del sector salud que de cierto modo se sintió desplazado y nunca ha perdonado el esplendor de esta terapia natural en vez de hacerlo suyo y desarrollarlo en bien de la humanidad, se combinó con la industria farmacéutica interna- cional y se constituyeron en los “Zacatecas del Diablo” y juntos enterraron el “Plasma de Quinton” en el infierno.

 

Parecería incierto que el bien común haya sido dejado a un lado, por los gobiernos, los “Derechos Humanos” la sociedad civil, los facultativos, la Organización Mundial de la Salud (OMS), en n todo el mundo se vendió al precio que ofreció la industria farmacéutica, descontinuaron los dispensarios Mari- nos después de la muerte de Quinton y se impuso el imperio de los medicamentos de los laboratorios preparados a base de dro- gas nocivas que sólo crean dependencia, que pueden mejorar, pero nunca curar una enfermedad tal y como lo hace la terapia marina. Quiere decir que un sucio negocio llegó al precio de los congresistas, gobernantes y autoridades que hoy cobran en migajas compensaciones por su complicidad en este crimen de lesa humanidad.

Los últimos reductos del método de Quinton se los terminó de llevar la erupción de la penicilina y el caos producido por las dos guerras mundiales. Así se silenció y ocultó un método de curación natural, por cuya ausencia han muerto millones y millones de seres humanos en el mundo entero, teniendo aún la cura en sus propias aguas de mar, para dar paso a una mal- dita industria que ha jugado con la salud de los habitantes de la tierra, a los que no sólo les han incrementado sus dolencias, sino que también les han construido nuevas enfermedades, incluso incurables.

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