Privatización de las prisiones en EE.UU

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El estado de Kentucky fue el escenario del surgimiento de una nueva forma de negocio en EE.UU que no solamente reivin- dicó la segregación racial, sino que vino a modi car todo el escenario del espectro carcelario de este país en el año 1980. Me estoy re riendo al “Sistema de Privatización de Prisiones en EE.UU”. Es obvio que después del surgimiento de este gran negocio, el sistema penitenciario tomó un curso diferente y las voces de alarma han llegado hasta el cielo acusando al in- novador sistema de privatización de haberse valido de la sexta enmienda de la constitución americana para restablecer la es- clavitud de forma legal.

En sus treinta y tantos años de existencia, la privatización de las prisiones es uno de los negocios que mejor cotiza en la bolsa de valores de Nueva York. Más de 30 estados norteamericanos aprobaron vender sus prisiones al sector privado. El negocio ha crecido tanto porque se fundamenta en ofertas tentadoras a los estados por parte de corporaciones privadas que se compro- meten a construir sus propias cárceles y sistemas de seguridad, cobrando a las autoridades estatales por debajo de sus propios costos anuales por cada prisionero.

Aunque ya existen múltiples corporaciones dedicadas a este ne- gocio, las principales son Corporación Correccional de Améri- ca (CCA) y Wackenhut. Estas dos controlan aproximadamente el 75% del sucio negocio.

Estas corporaciones no sólo se conforman con el dinero que reciben de las autoridades estatales con las que han negociado, no, basadas en los principios de la sexta enmienda de la consti- tución americana, también explotan la mano de obra baratísi- ma o casi sin paga de los prisioneros bajo su jurisdicción. Para ello han construido un sistema de talleres de hambre dentro de sus instalaciones que van desde la fabricación de una simple camisa o zapato, hasta un so sticado panel electrónico para los aviones de la compañía Boeing.

Tal vez al leer esto usted sea una persona sorprendida cuando vea los nombres de algunas de las corporaciones que se bene – cian de los salarios de hambre que pagan las prisiones privadas a los reos, aquí les dejo algunas de ellas: IBM, Boeing, Mo- torola, Microsoft, AT&T Wireless, Texas Instruments, Dell, Compaq, Honeywell, Hewlett-Packard, Nortel, Lucent Tech- nologies, 3Com, Intel, Northern Telecom, TWA, Nordstrom, Revlon Macy’s, Pierre Cardin, Target Stores y hasta las sensua- les piezas de Victoria Secret, entre muchas más. Todas estas Corporaciones explotan la mano de obra casi sin paga de los prisioneros de las cárceles americanas a través del IPF.

Vínculos del Sistema de Privatización de Prisiones con el Aumento de Presos en EE.UU

El negocio ha crecido tanto que hoy ha cambiado el panorama carcelario de EE.UU y la búsqueda incontrolable de su materia

prima, “los seres humanos”, lo ha embarcado en una desenfre- nada carrera para lograr, a través del soborno de algunos cabilde- ros, y autoridades corruptas, cambiar las leyes, endureciéndolas y promulgando la ley “Tres Estrikes” en alrededor de 15 estados, por mencionar sólo un ejemplo.(Esta ley ordena encerrar por largos años o de por vida a un convicto declarado culpable de 3 felonías).

Por un asunto meramente económico, las autoridades federa- les y estatales han dado la espalda a una responsabilidad que la sociedad norteamericana ha pagado a un precio del que ya no le queda ni el menudo para devolver y que se traduce en la construcción de un inframundo o cementerio de seres vivos después de la aparición del Sistema de Prisiones Privadas. El negocio sólo funciona con el aumento de prisioneros y el ob- jetivo de esas corporaciones es invertir grandes cantidades para lograrlo, esa es su maldita materia prima.

Las mismas autoridades se han visto en la obligación de publi- car estadísticas que entran en profundas contradicciones con la realidad penitenciaria de EE.UU por ejemplo: En los números publicados por el Departamento de Justicia Americano se re- eja una considerable disminución de los crímenes violentos en los últimos 32 años; no obstante, la población carcelaria se multiplicó por 700 en ese mismo período de tiempo.

Otro ejemplo: En estos momentos la población carcelaria de los Estados Unidos es de casi 3 millones de prisioneros. Se calcula que más de 6 millones de ciudadanos están en libertad condicional o bajo palabra, lo cual elevaría a casi 9 millones de individuos bajo el régimen de prisiones. Esto es sin contar un poco más de dos millones de niños que viven o han nacido en las prisiones. Todo lo dicho aquí se traduce en alrededor de 12 millones de prisioneros bajo el sistema de prisión.

En un informe publicado recientemente, la revista cientí ca “Pediatrics”, órgano informativo de la Academia Americana de Pediatras, sitúa en un 30% el número de jóvenes estadouni- denses que ya ha estado en prisión al cumplir 23 años de vida. Según esta revista, desde 1965 a la fecha hubo un aumento de más de un 10% sin el re ejo de una mayor criminalidad juve- nil, sino que este brutal fenómeno responde al endurecimiento de leyes por delitos no violentos, que van desde escándalos pú- blicos hasta el consumo de sustancias prohibidas.

Es decir, han sepultado una enorme cantidad de jóvenes, que después de ingresar a prisión empeoran sus conductas y el siste- ma se asegura de haber procurado leyes para que sus libertades sean supervisadas y poderlos retornar a prisión casi siempre. Todavía es imposible cuanti car el daño irreparable que el sistema de privatización de prisiones está causando al pueblo norteamericano, ya que el activo jo más importante que tiene una sociedad es la juventud y paradójicamente en este país los están encarcelando y negándoles las oportunidades que les ga- rantiza la constitución por un asunto netamente monetario e intereses corporativos.

Mientras países europeos, como Holanda, Australia e Ingla- terra están cerrando prisiones por falta de reos, en EE.UU se venden y construyen más reclusorios que hospitales. Las pri- siones holandesas poseen capacidad para 14 mil prisioneros, su población carcelaria es de 12 mil convictos, por ello decidieron cerrar 8 prisiones, como es lógico este acontecimiento es el re- sultado de la reducción del crimen violento en ese país, que posee 61.2 millones de habitantes, un panorama inversamente proporcional al de EE.UU que ha multiplicado por 700 su población carcelaria en 32 años, no obstante haber disminuido el índice de crímenes violentos en el mismo período de tiempo.

 

También podemos comparar las estadísticas de EE.UU con las del Reino Unido que posee solamente 94 mil prisioneros, con una población total de 62 millones de ciudadanos. Australia, Canadá e Inglaterra tienen, por ejemplo, un índice de robo mayor que el de EE.UU y si juntamos estos países no llegan ni al 5% de todos los prisioneros que posee Norteamérica por el mismo delito. Según el Centro de Estudio Carcelario, este país es el primero en la lista de encarcelamiento del mundo. Posee más de 751 presos por cada 100 mil habitantes, eso equivale a que al menos uno de cada 100 adultos está preso en este país.

Según estudios carcelarios realizados por Kings College de Londres, EE.UU es el campeón olímpico y posee el súper tí- tulo de ser el país con más prisioneros del mundo, incluyen- do todos los regímenes totalitarios, donde no existe la libertad ciudadana juntos. Ha dejado a China en un segundo lugar, un país que tiene algo más de 4 veces la cantidad de habitantes de EE.UU. China tenía para el 2006 un poco más de mil millones trescientos mil habitantes y ocupa el segundo lugar en la lista de países con mayor cantidad de prisioneros con un total de un millón seiscientos mil prisioneros. Las autoridades nortea- mericanas manipulan las cifras cuando declaran que poseen 2 millones trescientos mil criminales detrás de las rejas, por ello las cifras divulgadas por instituciones y agencias no guberna- mentales tienen mayor peso y credibilidad.

¿Entonces por qué tantas contradicciones? Pues si el número de crímenes violentos se ha reducido en las últimas décadas, en esa misma proporción debió bajar el número de prisioneros.

 

Es por ello que este aumento desmesurado se le atribuye al Sistema de Privatización de Prisiones, porque simplemente el fenómeno se inició tan pronto éste se implementó en 1980.

El sistema se ampara en la sexta enmienda de la Constitución americana

El Sistema de Privatización de Prisiones en EE.UU se funda- menta en la utilización e implementación de rentar a precio de miseria o casi sin paga la mano de obra de los prisioneros con nes comerciales amparado en la sexta enmienda a la constitu- ción. Eso explica todo el fenómeno.

Cuando el Sistema de Prisiones “compra los convictos”, me- diante ese mismo contrato y amparado en ese tecnicismo legal, también adquieren el derecho sobre la vida de ese reo y por vía de consecuencia, éste se ve obligado a ejercer labores diarias en las distintas ramas que esté especializado y el sistema lo explota con nes comerciales.

De este modo han instalado talleres dentro de estas innovado- ras prisiones, no con nes de reinsertar al prisionero una vez salga al sistema laboral de la sociedad, sino con claros objetivos de producir bienes y servicios para comercializarlos con empre- sas diversas dentro y fuera de EE.UU.

Recuérdese que muchas personas cuali cadas pueden ir a pri- sión por diversas razones y el sistema tiene toda la información laboral del prisionero bajo su control, por ello pueden ofertar desde mano de obra no cuali cada que hacen camisas, hasta in- genieros electrónicos que construyen paneles para la compañía de aviones Boeing, pasando por fábricas de accesorios y equipos

sofisticados para Motorola, Microsoft, AT&T Wireless, Texas Instruments Dell, entre otras famosas corporaciones.

El Sistema de Prisiones Privadas explota inmisericordemente a los prisioneros y es de ahí que se derivan las críticas más severas y se lo acusa de esclavista. La Enciclopedia WikipediA de ne la palabra esclavitud como “una institución jurídica que conlleva a una situación personal por la cual un individuo está bajo el dominio de otro, perdiendo la capacidad de disponer libre- mente de su propia persona y de sus bienes”.

Institucionalmente el Sistema de Prisiones Privadas funciona amparado sobre bases legales legitimadas por el Programa Ge- neral del Trabajo de Prisioneros Federales, conocido por sus siglas en ingles como (IPF), cuyo nombre comercial responde a (UNICOR). Este programa impulsado y apoyado por el ex presidente Bill Clinton, quien tuvo la gracia de oponerse a que EE.UU importara y comercializara productos elaborados por prisioneros en otros países, mientras internamente fomentó, permitió y estimuló que el (IPF) comercializara la exportación de los productos elaborados por los prisioneros americanos.

La concupiscencia del Sistema de Prisiones Privadas, que ob- tiene enormes ganancias del dinero recibido por los diferen- tes estados y ciudades donde se ha instalado por concepto de cada uno de los prisioneros ingresados y la benevolencia que roza los con nes de la complicidad de las autoridades, han hecho de la desgracia de los reos el más lucrativo de los negocios en este país. La ley federal obliga a todas las agencias federales a comprar productos del IPF sin licitación, en ese sentido, ordena al IPF a exportar y comercializar productos elaborados por los prisioneros a otros países. Obviamente es- tos productos exportados compiten sin problemas con otros del mercado internacional elaborados en los talleres de miseria de los países pobres.

Así estas empresas se han lanzado tras la “ ebre del oro” que en este caso es la explotación desmedida de la mano de obra miserablemente pagada o gratis de los prisioneros, cuya explo- tación permite la realización de las siguientes cifras brotadas de las mismas venas abiertas de la desgracia de los prisioneros: Los reos elaboran más de 150 productos diferentes en 99 fábricas instaladas en 64 prisiones alrededor de todo el país.

Casi 40 estados han legalizado la contratación de prisione- ros para trabajar en corporaciones privadas que instalan sus fábricas dentro de las prisiones estatales. Se cree que en poco tiempo esta forma de usurería estará en todos los estados. Por último, las ventas del IPF casi llegan a los 600 millones de dólares cada año.

Cumplen dos objetivos raciales, se hace dinero y se encie- rra a los negros e hispanos

Muchos críticos del sistema opinan que una nueva forma de esclavitud se instauró en EE.UU el cual consiste en la renta de presos. Ellos creen que este sistema fue establecido para continuar la tradición de la esclavitud. Anteriormente los esclavos liberados fueron culpados de no cumplir “las obli- gaciones asignadas” de carceleros, también eran acusados de robar, no importaba que fueran culpables o inocentes, iban a prisión. Después de encarcelarlos los rentaban en la cons- trucción de líneas ferroviarias, en los latifundios agrícolas o en las minas. Lo que estamos presenciando ahora es mucho peor que eso.

 

En los últimos 32 años, EE.UU experimentó un aumento de un 700% en su población penitenciaria y parece que los tiem- pos no han cambiado para su población negra. La cuota mayor de prisioneros siempre la han aportado los afroamericanos. Hay varios factores que se han combinado, como someter a largas sentencias a prisioneros no violentos que son apresados con pe- queñas raciones de marihuana, a esto se le suma las acusaciones de policías y sus departamentos abusadores y racistas ubicados en las grandes concentraciones mayormente negras que han acusado falsamente a muchos jóvenes negros inocentes.

Los Ángeles es un ejemplo vivo de esto. Aquí los negros constituyen sólo el 10% de sus habitantes, sin embargo más de la mitad de su población carcelaria son ellos.

Según diversos estudios, los crímenes violentos cometidos en los últimos 32 años han sido idénticos entre la raza negra y la blanca, el consumo de droga entre los hombres negros y los blancos ha sido el mismo. Sin embargo, los hombres negros han sido arrestados por ofensas de drogas cinco veces más que los hombres blancos.

El 70% de todos los presos de EE.UU son negros o latinos. Dos terceras partes de todos los presos estatales (97% de todos los presos federales) están arrastrados por crímenes no violen- tos. Muchos son sometidos a largas condenas ante la ausencia de una correcta defensa legal, a muchos los obligan a declararse culpables con el ofrecimiento de condenas más benévolas. Así colonizaron las cárceles de negros y de hispanos, que en estos momentos es el conglomerado de mayor crecimiento en la po- blación carcelaria americana.

La implementación en toda la unión de leyes antidrogas ha dejado sus huellas profundas y han impactado considerable-mente en el aumento desmesurado de la población carcelaria en EE.UU. Uno de los estados estigmatizados por la ley antidroga ha sido Texas, donde los negros e hispanos han sido afectados deliberadamente.

En Texas un reo puede ser sentenciado a dos años por haber sido apresado con 4 onzas de marihuana. En 1973 las leyes empezaron a modi carse en el estado de NY y se dio paso a un operativo a gran escala de encarcelamiento de convictos encon- trados culpables de la posesión de 4 onzas de cualquier droga. Hay sombrías estadísticas que señalan que en la actualidad uno de cada cuatro hombres negros tiene la probabilidad de caer preso durante su vida, uno de cada catorce hombres negros ya está encarcelado, los hombres negros constituyen el 10% de la población masculina de EE.UU son encarcelados a razón de 70 veces más que los hombres blancos. En algunos estados hay más negros en las cárceles que en las universidades, aunque los blancos han cometido casi las mismas cantidades de infraccio- nes criminales. (Esto es por poner sólo un ejemplo).

En los primerosa años del gobierno de Obama, los hispanos en las cárceles pasaron del 16% al 50% aportando enormes recursos al sistema de prisiones privadas

Irónicamente Barack Hussein Obama prometió a los hispanos una reforma migratoria integral cuando precisó del voto de esta comunidad para alzarse con la presidencia de EE.UU. Lejos de cumplir con sus compromisos, el presidente Obama no se atrevió a usar sus poderes para sacar de la oscuridad a cerca de 12 millones de inmigrantes que habían cifrado sus esperanzas en las falsas promesas de un político obsesionado con el poder.

 

Lejos de ello, en su gobierno se criminalizó la inmigración in- documentada en casi todo el país. (En otro artículo de este li- bro hablo ampliamente del engaño de Obama a los hispanos).

Al criminalizarse la migración irregular, el sistema de prisiones privadas encontró su mejor aliado en el sucio y turbio negocio de encarcelar a personas, así, lo que empezó como un expe- rimento en el estado de Arizona se extendió por todo el país disfrazado con diversos nombres de programas implementados y nanciados por el gobierno de Obama a través de los cuales convirtieron a casi todos los departamentos de policía en agen- cias al servicio del ICE o policía de migración. De este modo, el gobierno del presidente Obama selló el “pacto Satánico” que convirtió en criminales a los indocumentados, dando libertad a los agentes de policías para preguntar por el estatus migrato- rio a una persona que parezca hispana, aunque la persona no haya cometido ningún crimen violento. Si esa persona no tiene documentos, puede ser entregado al ICE y hundida en las pri- siones de migración y luego deportada.

El gobierno de Obama ha sido el único responsable del aumen- to desmesurado de los prisioneros hispanos en diferentes cárce- les del país. Esto explica que un 87% de ellos están presos por haber cruzado la frontera sin papeles o por el contrabando de personas con los mismos nes. Óigase bien, hoy los hispanos constituyen el 50% de la población carcelaria estadounidense y el 87% de ellos están por “crímenes migratorios” en otras pala- bras, delitos no relacionados con crímenes violentos.

Los hispanos constituyen el segmento poblacional que más presos está aportando al gran negocio de Privatización de Pri- siones en EE.UU, en 1980 eran el 7%, doce años después ya se habían duplicado y se colocaban en un 14%, 20 años después alcanzaron cerca del 25% y 32 años más tarde (2013) represen- tan el 50% del total de la población carcelaria en EE.UU. Los indicadores establecen que ese aumento desmesurado también tiene que ver con el Sistema de Privatización de Prisiones y los mismos prejuicios raciales que afectan a los afroamericanos.

En el estado de Massachussets los latinos son apresados y en- carcelados por ofensas de drogas 81 veces más que los blancos y los negros alcanzan 39 veces más que los blancos. El crecimien- to de la población latina en el estado de California fue del 26% al 28% hace 20 años, pero el último aumento de prisioneros en este conglomerado ha sido de 29 mil a 67, 953 y cerca de 200 mil en la actualidad (2013).

La población carcelaria de las mujeres va en aumento en espiral

De 1977 a la fecha (2013) la cantidad de mujeres presas en Estados Unidos aumentó en un vertiginoso 1,000% (mil por ciento) crecieron casi el doble de los hombres encarcelados en ese mismo período de tiempo, que como expresé más arriba, estos también crecieron vertiginosamente. En la actualidad hay cerca de 300 mil mujeres en las cárceles, hay un millón qui- nientas mil bajo libertad condicional y cerca de 300 mil bajo parole después de haber cumplido condena.

Los mismos críticos de este sistema de prisiones tildan este as- pecto de racista, pues las sombrías estadísticas indican que las mujeres negras tienen ocho veces más probabilidades de caer presas que las mujeres blancas y el regreso a prisión después de haber salido es casi seguro.

 

Los fundamentos que sustentan la teoría de muchos cuando apuntan sus dedos acusadores y tildan de esclavista al sistema de privatización de prisiones en Estados Unidos toman como base las siguientes informaciones: Los inversionistas del siste- ma privado de prisiones a través del IPF han establecido las siguientes tarifas o escalas para pagar a los prisioneros: Depen- diendo de la preparación del reo y la labor que desarrolla, reci- be un pago que va de 23 centavos de dólares a un máximo de 1 dólar quince centavos la hora, por encima de eso, los presos sólo reciben la mitad de esta pírrica cantidad. Esta institución está exenta de cualquier tipo de regulación federal que rige em- pleos y lugares de trabajo.

En algunas ciudades “hay más negros en las cárceles que en las universidades”

No sé hasta donde la ambición desmedida de una clase deter- minada ligada al poder político en Norteamérica podrá seguir arrastrando a esta sociedad a la inminencia de un colapso social de consecuencias epidémicas capaz de convertirse en una pan- demia, sólo por el egoísmo sin regreso de quienes decidieron sólo acumular grandes riquezas caiga quien caiga.

Este país está invirtiendo más recursos económicos en la cons- trucción de prisiones que en la juventud y los resultados a cor- to plazo de esa insensatez se traducen en lo inmediato en la triste realidad de saber que en algunas ciudades alrededor del país “hay más negros en las cárceles que en las universidades”. Mientras esto pasa, los programas de asistencias y subsidios di- rectos para las madres solteras y las familias pobres se reducen a su mínima expresión, los ancianos quedan desprotegidos, sus bene cios se cortan cada día y no es raro ver largas las de per- sonas desempleadas en programas implementados por iglesias mendigando un pedazo de pan, cosa esta solamente vista en los países del tercer mundo.

Una expresión clara de los impactos negativos del Sistema de Prisiones Privadas lo constituye el estado de Virginia, donde las prisiones llegan al descaro de colocar publicidad en los medios de comunicación masivos y vía email que dicen: “Las prisio- nes de Virginia están completamente abiertas a las empresas: “Trabajadores deseosos y con experiencia”, “sin bene cios, sin pensiones, sin seguro médico, sin vacaciones o licencia por en- fermedad”. “La escala salarial de las prisiones de Virginia co- mienza con 23 centavos por hora”.

Miserias como estas están latentes en casi 40 estados, es de don- de se derivan los argumentos de sectores que acusan al Sistema de Privatización de Prisiones de apoyarse en la sexta enmienda de la constitución americana para imponer la esclavitud en las prisiones (repito para que no se olvide esto).

En el gobierno de Ronald Reagan es donde se inicia este nuevo esquema de prisiones, luego el presidente Bush padre lo siguió apoyando en la década de los 80s y ya para 1990 entró su máxi- mo esplendor al recibir todo el apoyo del emblemático presi- dente demócrata, Bill Clinton. Para ese entonces ya el sistema cubría los grandes titulares de los más prestigiosos periódicos alrededor de toda la Union Americana y sus acciones se dispa- raron al ser las mejores cotizadas en la bolsa de valores de Wall Street en Nueva York.

 

Situación de los prisioneros que logran salir bajo anza de los “cementerios de hombres vivos”

El panorama que rodea la vida de los prisioneros que salen bajo anza o “parole” no es menos sombrío que los que han que- dado dentro. Cuando estos prisioneros salen de las prisiones, el sistema deja de ganar dinero por cada uno de ellos, recuerde que la materia prima de este negocio es el ser humano que ha caído en prisión. Antes de salir a las calles, el sistema se ha asegurado mediante la introducción de leyes y cabildeos que mantienen atados a estos prisioneros sueltos bajo anzas como fetos al cordón umbilical y para ello se aseguran que los con- victos en libertad condicional puedan ser reducidos a prisión a discreción de los funcionarios bajo su supervisión, los cuerpos policiales tienen el derecho de violar la privacidad íntima de sus hogares sin una orden de un juez, no pueden pedir dinero prestado, cambiar de trabajo, manejar un vehículo, salir del estado o cosas tan simples como casarse si no cuentan con au- torización de su supervisor o parole.

En caso de violentar las reglas de su libertad condicional, los retiran del programa y los hunden en prisión sin derecho a jui- cio y tendrán que pulgar la condena completa, esto es por cual- quier felonía que comentan durante este período y a muchos de ellos les imponen 10, 15, 20 y hasta 30 años vigilados, con la obvia intención de que regresen a prisión y les impongan de un año a prisión de por vida, para luego negociar con su labor de servicio y esto no lo hace un juez, sino la junta supervisora de los que salen bajo palabras, una especie de lacayos remune- rados por el propio sistema.

Es casi seguro que un reo puesto bajo libertad condicional re- grese a prisión, las cárceles son centros de degeneración que no crean las condiciones para que los ex convictos salgan y se inserten a la sociedad.

Los gobiernos y los dos partidos políticos son cómplices direc- tos del crimen social por haber abandonado sus responsabilida- des con la sociedad y exponer a sus miembros y jóvenes a una carrera que los mantendrá atados a ese maldito mundo por el resto de su miserable existencia, mientras varias corporaciones se llenan sus arcas ante la vista gorda del gobierno federal y la complicidad de los gobiernos estatales, quienes también se lle- van su tajada del botín.

… Es un fatídico cementerio de hombres vivos que agonizan y deambulan en el limbo más profundo de la indiferencia huma- na, donde los individuos se convierten en verdaderos desechos humanos que buscan sin éxito alguno salir de ese in erno e insertarse a ese sueño que va muriendo cada día dentro de cada uno de estos desafortunados… qué miseria!

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