¿Qué es un error en el béisbol? Hay que analizarlo bien, con razonamiento y lógica

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“Usted tiene que hacer algo BIEN para cometer un error; incluso si la pelota es bateada directamente a usted, pues significa que para empezar estaba ubicado en el lugar correcto”.

Bill James escribió esas palabras en 1977, hace más de 40 años, en el primer “Baseball Abstract”. En muchos sentidos, como escribió Michael Lewis en su famoso libro “Moneyball”, fue en aquel ensayo donde James empezó a encontrar su voz. En aquellos días, el error era algo sagrado. Era la única manera de medir la habilidad defensiva de un pelotero. Más que eso, era una obviedad que se trataba de la forma correcta de hacerlo.

“¿Qué tan buen fildeador es ese muchacho?”

“No lo sé. ¿Cuántos errores cometió el año pasado?”

Ustedes ya saben esto, pero vamos a volverlo a pasar. La defensa en aquellos días se consideraba una tarea binaria: Usted hacía la jugada o no la hacía. Imaginémonos un rodado al campo corto. Si el torpedero hace el out, fantástico, bien por él, alguien quizás le ponga una estrellita en su hoja de anotación.

Pero si el shortstop no hace la jugada, entonces alguien en el palco de prensa – el “anotador oficial”-determina si DEBIÓ haberla hecho. El anotador utiliza métodos como experiencia, instintos, les pregunta a los periodistas que estaban al lado y, cuando está disponible, revisa la repetición antes de tomar la decisión. Si considera que la jugada era imposible de hacer, o que el fildeador no podía hacerla con un esfuerzo normal, entonces se da un hit.

Pero si el anotador determina que el short debió hacer la jugada, se le carga un error a éste. En ese momento, toda la lógica del béisbol tiene que ser tirada por la ventana para cargarle toda la culpa al campocorto. Al bateador se le acredita un out, aunque no hizo un out. Si luego anota, la carrera no se le carga al pitcher, a quien simplemente se le considera como un testigo inocente que nada tiene que ver con esa anotación. Y si hay dos outs, entonces TODAS las carreras anotadas después del error no irán a la cuenta del lanzador.

Vaya que nos aseguramos de que el fildeador sea castigado por su error.

Así fue por un siglo. Entonces, Bill James y otros le dieron una mirada al asunto y pensaron, “Bueno, esto es lo más estúpido que he visto en mi vida”.

“Un error”, escribió James, “es sin excepción la única estadística reconocida en el deporte que en realidad no es más que lo que un observador piensa que ha debido hacerse. Es un juicio moral, realmente”.

Es un juicio moral. Pero el error ha sobrevivido. No lo tomamos tan en serio como en el pasado -la mayoría de nosotros, en todo caso-pero todavía los contamos, seguimos viendo la pizarra cada vez que hay una jugada dudosa para saber cómo la anotaron, y continuamos discutiendo si un hit debió ser anotado error o un error debió ser hit.

El 10 de agosto -como escribió nuestro colega David Adler y se discutió ampliamente en Fangraphs-vimos lo que ha debido ser el último error que se anote en la historia. No será el último que se anote porque la historia exige que los sigamos contando y porque hay personas a las que les gusta el error y no les gustan los cambios. Pero lo sucedido fue un claro ejemplo de lo absurdo que es el concepto de error.

La jugada en cuestión la protagonizó Jackie Bradley Jr. el jardinero central de los Medias Rojas. Ya todos deberíamos saber esto sobre Bradley: Es mágico. Esa es la mejor palabra para describirlo.

Aquel día, entonces,  Caleb Joseph  de los Orioles pegó una línea entre el jardín central y el derecho, ante la que Bradley partió con un gran brinco. Reaccionó rápido y leyó bien hacia dónde iba la bola. Viendo los números de  Statcast  tuvo que trasladarse 80 pies en 4.2 segundos. Eso puede que no les diga nada a ustedes, pero esto sí: Statcast™ estima que las posibilidades de que un jardinero de Grandes Ligas cubra todo ese terreno en tan poco tiempo son del 6%. E incluso así, Bradley le llegó a la bola. Para ser honesto, le llegó con facilidad.

¿Cómo? Porque cuando se analizan en Statcast™ la velocidad de reacción, la ruta que tomó y la velocidad que alcanzó, básicamente hizo la jugada perfecta. La única forma en la que un jardinero podía llegarle a esa bola era haciéndolo a la perfección. Es posible que haya un reducido grupo de patrulleros en el béisbol que sean capaces de llegarle a la pelota, y ninguno de ellos podría llegarle siempre a tiempo. Fue una cosa casi milagrosa. Pero Bradley es tan bueno tomando esos saltos, y ejecutó tan bien la jugada, que la hizo ver como rutinaria.

Y entonces, una vez estaba bajo la bola, la perdió. Y le anotaron error, ese mismo que ya dijimos debería ser el último en anotarse en la historia.

“¿Han debido darle error?”, le pregunté a un amigo.

“Es difícil saber”, respondió. “Yo diría que sí, sin embargo. Le llegó y no se estaba cayendo, ni nada”.

“Sabes que la probabilidad de hacer esa atrapada era del 6%, ¿no?”, le dije.

“Oh”, me contestó. “Entonces quizás no”.

La verdad es que cuando se trata de la defensa, uno ve lo que ve. Vemos a alguien haciendo una jugada tirándose de cabeza y creemos que fue una maravilla incluso si tuvo que lanzarse porque tomó una mala ruta o reaccionó tarde. Mientras tanto, vemos a tremendos jardineros como Bradley o  Lorenzo Cain o Kevin Kliermajer hacer una jugada en plena carrera y pensamos, “Bonita jugada, sí”, cuando muchas veces es en realidad un lance fenomenal, un out que otro jardinero no hubiese hecho. Ahora mismo, si usted le muestra la jugada de Bradley a otra persona, seguramente no va a creer que haya sido algo increíble. La hizo ver tan fácil que es complicado darse cuenta de lo extraordinaria que fue.

Sobre eso fue que empezó a escribir Bill James hace 40 años. Y aquí estamos todos estos años después. Vienen y le dan un error a alguien en una jugada que un guardabosque de Grandes Ligas no hubiese hecho el 94% de las veces. Quizás sea hora de hacer las cosas de otra manera.

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